Un día antes de la graduación principal de la Universidad de Arizona en mayo, Javier Durán se encontró en el campus con una pareja hispana que venía del estado de Washington. Necesitaban ayuda en español.
Los señores le contaron, muy orgullosos, que su familiar había obtenido un doctorado en Educación. Durán los ayudó a encontrar lo que buscaban, conversaron un par de minutos y se despidieron.
Durán no los volvió a ver, pero es posible que ellos sí lo hayan visto la noche siguiente desde las pantallas del Casino Del Sol Stadium. Ante unas 40 mil personas, el Dr. Durán, maestro e investigador de la universidad, dio la bienvenida en español a la generación 162 de graduados de primavera y sus familias.
Para algunas de esas familias, fue un momento inesperado que las hizo sentir vistas.
“Mi esposo volteó a verme, y dijo: ‘¿Están hablando español?’”, narró Angélica Hernández, madre de un graduado hispano. Su hijo, Luis Cruz Hernández, estudió Ciencias de la Computación y fue el primero de su familia en ir a la universidad.
Durán no solo recomendó a los estudiantes latinos seguir cuatro pilares clásicos y universales —respeto, reciprocidad, responsabilidad y resiliencia—, sino que también visibilizó el trayecto que han pasado generaciones anteriores a las de los actuales estudiantes y egresados de la universidad.

El esfuerzo de las familias de estudiantes migrantes, de estudiantes de primera generación, que puede ser de los dos tipos juntos, y de estudiantes internacionales,
Dr. Javier Durán
a veces no se reconoce”
Hernández aún se emociona al recordar la noche de graduación.
“Lo que más me gustó fue cuando Javier Durán mencionó a los inmigrantes y dijo que estuviéramos orgullosos, porque nuestros hijos habían logrado cosas gracias a nuestro esfuerzo”.
Ella entiende un poco de inglés y su esposo solo habla español. “Pero aun sin hablar bien el idioma, yo me sentía como pavorreal”, dijo.

La representación importa
Durán dijo que también es inmigrante mexicano y egresado tres veces de la Universidad de Arizona, donde obtuvo un doctorado en Literatura Hispana.
Y si bien el mensaje de mayo fue parte de la celebración del cierre de estudios, él entiende que la representación es un elemento vital para el éxito permanente de los estudiantes latinos.
“Creo que el verse, el reconocerse, no solamente a través del lenguaje sino también ver que hay una persona como tú, como ellos, que está dirigiendo este mensaje, que es parte del profesorado de la universidad, es importante”, agregó Durán, originario de Hermosillo, Sonora.
El profesor e investigador de Estudios Latinoamericanos y Fronterizos ha trabajado más de 20 años en la Universidad de Arizona. Es fundador del Confluencenter for Creative Inquiry, un centro de la universidad que impulsa proyectos de investigación colaborativa entre diferentes disciplinas, como las artes, las humanidades y las ciencias sociales.
Dijo que, además de las características y necesidades específicas de los estudiantes universitarios hispanos, esta comunidad atraviesa un momento de tensión política.
“Sabemos que ha sido un año muy complicado para nuestras comunidades”, dijo Durán en entrevista con Somos Tucson durante el verano. Estamos en “un momento en que muchas comunidades se sienten ninguneadas, por así decirlo, y también invisibles”.
Una de las misiones del Confluencenter es encontrar formas de “reclamar, reinstaurar y restituir esas voces de las comunidades que por una razón u otra se sienten ignoradas. Pero no solamente se sienten ignoradas, sino que lo están”, agregó Durán.
Una universidad al servicio de los hispanos
El lunes 24 de agosto inició el semestre de otoño 2026 en la Universidad de Arizona.
Hace un año, la escuela tenía más de 54 mil alumnos. De ellos, 14,140 se identificaban como personas hispanas o latinas, según los datos más recientes publicados sobre el estudiantado de la UA.
En 2018, la Universidad de Arizona fue designada Institución al Servicio de la Comunidad Hispana (Hispanic-Serving Institution), un nombramiento que otorga el Departamento de Educación de Estados Unidos. Uno de los requisitos es que al menos 25% de los estudiantes de nivel de licenciatura sean de origen hispano. La designación le permite a la escuela acceder a fondos específicos para la comunidad hispana, que pueden utilizarse en becas, servicios estudiantiles, desarrollo del profesorado y planes de estudio, entre otros programas.
La universidad fue reconocida en 2025 por los avances en los niveles de graduación y retención de estudiantes: la tasa de graduación en seis años aumentó de 59.8% en 2021 a 65.8% en 2025, mientras que la tasa de retención a tres años pasó de 63.3% a 71.5% en los últimos siete años. Sin embargo, la escuela ha visto una disminución en estudiantes internacionales “después de un año complicado para los estudiantes que no pudieron obtener visas para Estados Unidos”, según una nota sobre datos de inscripción en septiembre del año pasado.
Pero la hispanidad ha sido parte de la UA desde su origen.
“Muchas personas desconocen que uno de los primeros regentes del Arizona Board (el organismo que gobierna las tres universidades públicas del estado) fue Mariano Samaniego”, recordó Durán. Samaniego fue un tucsonense de fines del siglo 19 nacido en Sonora, que formó parte de la primera Junta de Regentes y en cuyo honor se nombró una avenida al sur del Centro de Convenciones de Tucson.
“Y, aparte, aquí en la universidad el español ha sido parte del currículum desde su fundación”, dijo Durán.
Otros académicos latinos destacados han dado antes el mensaje de bienvenida en español en la graduación principal de la UA, una tradición que empezó en esta década. Entre ellos, la doctora Nadia Álvarez, profesora asistente de práctica y directora asistente de Desarrollo del Aprendizaje y Participación Comunitaria del Colegio de Honores W.A. Franke, y la doctora Jessica Retis, quien fue directora de la Escuela de Periodismo entre 2022 y 2025 y dirige el programa de Maestría en Periodismo Bilingüe de la escuela.
Álvarez piensa que hablarles a los estudiantes latinos y sus familias en español no es un acto político, sino de humanidad.

“Es el reconocimiento de cómo los lazos culturales, afectivos y académicos son importantes más allá de las fronteras”, dijo Álvarez, originaria de Sinaloa, México, y la primera mujer latina y migrante contratada como catedrática asistente de práctica (Assistant Professor of Practice) en el Colegio de Honores de la UA, según una nota publicada en La Estrella de Tucson en 2021.
Las experiencias construidas desde el lugar y las circunstancias de las que venimos no son anecdóticas, dijo Álvarez en conversación con Somos Tucson. Merecen reconocimiento.
“Ser bilingüe o multilingüe también tiene que tener un reconocimiento como lo tiene cualquier otra competencia”, dijo Álvarez. “Muchas veces, a través de la interconectividad tecnológica, se olvida de la sensibilidad humana, y los idiomas son parte de esa sensibilidad humana; nos conectan más allá de dónde nos encontremos, quiénes somos, cómo nos educaron, cómo crecimos y dónde nacimos”.
Y ese equipaje cultural también moldea la experiencia de los estudiantes latinos en la universidad.
Angélica Hernández, la mamá del graduado de Ciencias de la Computación, contó que el día de la graduación su hijo llevaba una estola que decía:
“Para mis padres que vinieron sin nada y me lo dieron todo”.
“Es cierto”, dijo Hernández. “Vinimos sin nada y queremos que ellos logren mucho más que nosotros”.
Un nuevo grupo de estudiantes hispanos comenzó hace unos días su último año en la Universidad de Arizona. En mayo, cuando todos los graduados y sus familias vuelvan a llenar el estadio de Los Gatos, habrá más personas como Angélica y su esposo o como la pareja de Washington que, quizá, sientan que pertenecen a esta universidad. O, como dijo Hernández, se sientan “como pavorreal”.